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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

sábado, 29 de marzo de 2025

Por todo lo alto





A un afamado director de orquesta le detectan leucemia. Este descubrimiento dará paso a otros más que cambiará
n por completo la visión de su propia vida.

"Por todo lo alto" es una película de gente buena que se enfrenta a los retos de la vida, con sus quiebras, luchas y alegrías.

Dicho así podría parecer una película más, y sin embargo... Sin embargo, me ha tocado. Ha hecho conmigo lo que hace una gran película, dejarme poso, removerme, convivir conmigo cuando las luces de la sala ya se han encendido. Me acompaña desde ayer, día en que la vi.

Plantado ante la pantalla me acordaba de Fernando L. Tenía mi misma edad y sus hijas compartían aula con las mías. Un día sitió molestias en el estómago y acudió al médico. Resultó ser un cáncer. Me lo contaba sereno, me atrevería a decir que con optimismo. Afortunadamente lo habían diagnosticado a tiempo y lo iban a tratar. Yo le creía y lo felicitaba por su determinación. Al cabo de año aun estando en las últimas continuaba diciendo que todo iba bien. Aguantó dolor y agotamiento para poder estar en la primera comunión de su hija mayor. Apareció consumido. Al día siguiente lo ingresaron en el hospital para no salir más.

Fernando luchó hasta el último aliento por sus hijas, y eso, sin duda, lo convierten en un gigante, un héroe de la paternidad. ¡Cuánto las amó!

En cuanto a la película mencionada, la recomiento sin la menor duda. Y ojo, porque no es ningún drama. Es, si acaso, un canto a la vida y a la bondad humana.

domingo, 23 de marzo de 2025

Debí comenzar con un crimen

 Cuatro clases de dos cursos, primero y segundo de la ESO. Los de segundo, levantiscos, con ganas de motín. Arrastran las sillas, se agitan y gimen como macacos para marcar el territorio. Todos son machos de la misma especie.


Los profesores en actitud de perro de caza, marcando para que la situación no se vaya de madre más de lo imprescindible. 


Yo trato de hablar de escritura, de cómo concebir y plasmar una buena narración, es para lo que me han invitado. Los de primero, en la zona de delante, participan, los otro aúllan a la menor ocasión.


Al acabar la escasa hora de mi intervención salen del salón; las clases han acabado. He hecho lo que he podido, menos de lo deseado. No hay sorpresa. Un día yo estuve sentado en el mismo lugar que ellos e hice alarde de su misma simpleza. Patético.


Ya de noche, acostado, se me enciende la bombilla. Debí comenzar narrando un crimen, atrapar su atención con una historia intrigante con aires de verosimilitud, y una vez metidos en la red, desentrañar los recursos de una buena narración.


Será en otra ocasión.

sábado, 8 de marzo de 2025

Algo habrás hecho


 


Leo un artículo de Alberto Olmos a propósito de la película Emilia Pérez. En el mismo explica que la ha visto en dos ocasiones, la primera en plena efervescencia propagandística, cuando no se había estrenado nada tan maravilloso desde que los Lumière inventaron el cinematógrafo. Su protagonista, un hombre "transformado" en mujer, estaba nominado al Óscar a la mejor actriz. Era un estandarte del wokismo. Por primera vez una persona "trans" podría recoger la estatuilla reservada a las mujeres. Era "lo más".


En apenas unos días saltó el escándalo. Una periodista canadiense de origen iraní rastreando tuits desubrió algunos que tiempo atrás había publicado el protagonista y que lo exponían como un racista. De la noche a la mañana la película se convirtió en ofensiva y reaccionaria. Ahora disgustaban acentos y localizaciones, las canciones, el guión; todo estaba mal. Era deleznable.


"Les juro que el primer plano de la película era el mismo las dos veces, y que su metraje corría por la pantalla con idéntica estructura, idénticos actores, idénticos gestos de los actores. Las canciones también eran las mismas" -escribe Olmos.


Algo había cambiado, y no era la película. Su protagonista ya no era uno de los nuestros.


Veo una entrevista o conferencia de hace unos años realizada al historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui. La voz que pregunta (no se ve en pantalla a su emisor) señala la diferencia entre el desorden y la inseguridad que reinan en Mexico y lo civilizados que resultan los Estados Unidos, y tras un breve intercambio esa voz añade: "claro, la diferencia es que aquí llegaron todos los que estaban presos, eran una bola de bandidos, muchos de ellos sifilíticos, que decidieron subirse a una lancha porque tenían o pena de muerte o pena eterna..."


Entonces Zunzunegui aclara: "Los que eran sifilíticos la adquirieron al llegar, porque la sífilis es una enfermedad americana".


Entonces la voz fuera de pantalla pega un giro de ciento ochenta grados y dice inmediatamente: "Ah, ¿no me digas? ¡Bueno, alguna venganza tenía que haber!"


Al margen de que se sostenga que las colonias inglesas fueron pobladas por ángeles, mientras que a los territorios españoles acudieron demonios, viene a resultar que la sífilis transmuta al instante de enfermedad espúrea a bienaventurado instrumento de justicia.


El imperativo categórico kantiano venía a decir: «obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza». Es decir, sé justo, obra con los demás como te gustaría que obraran contigo; no tengas acepción de personas; usa el mismo criterio con todos.


Pues bien, la inclinación humana es justo la contraria. No mires "el qué" de la acción, sino "quién". Si es de los tuyos, justifícala, si es de "los otros", condénala.


Lo vemos por doquier, y lo peor de todo es que quienes se mueven en ese sectarismo son los mayores moralizadores que existen. Que Dios nos pille confesados...