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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

viernes, 5 de agosto de 2016

León Kamikaze, trepidante, adictiva y políticamente correcta



Vi la reseña en el canal de Youtube de El coleccionista de mundos. Después, un comentario del autor en una entrevista en ese mismo canal hizo que me picara la curiosidad y acabé por comprármelo. Más adelante explicaré en qué consistía dicho comentario.

“León Kamikaze”, premio Gran Angular 2016, escrito por Álvaro García Hernández.

¿De qué va? Cuenta la historia de León, un chaval conflictivo que se ha pasado la vida dando tumbos entre familias de acogida y que aterriza (o más bien se estrella) en un nuevo instituto. En esa existencia de auto de choque iremos conociendo a los personajes con los que va impactando y la propia evolución de León.

Lo primero que hay que reconocer a la novela es su impredecibilidad. La narración va en zigzag, sorprendiendo a cada paso. Si a esto se suma la extrema brevedad de los capítulos, sobre todo al principio, y un estilo narrativo de impacto que nos arroja una y otra vez en mitad de situaciones y diálogos, el resultado es que acabamos sumergidos en una lectura adictiva que nos impele a seguir adelante.

Está claro que el autor conoce el mundo adolescente y se mueve cómodamente en sus coordenadas. De hecho, por lo que leo, Álvaro García es profesor de secundaria. Y es en ese enfoque adolescente donde siento que resbala el libro, aunque posiblemente esté condicionado por el propio modelo del premio. Trataré de explicarme.

El premio Gran Angular está pensado para obras destinadas al público juvenil. En la entrevista que he mencionado al principio, me llamó la atención que Álvaro García explica cómo se marcó el propósito de ganar este premio y la estrategia que siguió. Primero leyó las últimas obras premiadas. Después destripó sus claves y las puso a funcionar. Si uno consulta en la web de la Editorial SM verá que la novela está etiquetada con varias clasificaciones (familia, interculturalidad, filosofía, derechos humanos, matemáticas, relaciones interpersonales, amistad, amor, empatía).

Efectivamente la novela toca estos y otros temas, pero lo hace desde el discurso dominante, sin sentido verdaderamente crítico (posiblemente de haberlo tenido no habría recibido un premio de esta índole). Ejemplo, León y Lola se enamoran, pero esta relación “amorosa” se mueve a golpe de pulsión sexual, lo que a la postre la despersonaliza y con ella a sus protagonistas. Precisamente cuando no sea posible esa relación meramente erógena será cuando asome algo parecido al amor.

Otra muestra de concesión a lo políticamente correcto: la figura de la lesbiana guay y muy solidaria. Conforme avanzaba en la lectura pensaba que tardaba en aparecer el personaje, y sí, por fin llega en la parte final del libro. ¡Ah, ya está aquí! Oye, ¿qué pasa, es que en una historia no puede haber una persona homosexual desprendida, estupenda, maravillosa? Pues hombre, más bien parece que lo que es imposible es que deje de aparecer, es el mantra de moda reiterado hasta la saciedad. En la novela se trata de un personaje de recurso cuyas inclinaciones sexuales son ajenas a su cometido narrativo, dejando la sensación de que había que pasar este peaje. Sirva de consuelo que a la susodicha la nacionaliza irlandesa, con lo cual su abuelo no murió en la guerra civil ni represaliado por Franco.

Siendo una novela juvenil con elementos moralizadores, no existe, por ejemplo, el contrapunto de un matrimonio venturoso; o son yonquis, o divorciados o camino de estarlo, eso si no están enajenados.

Estas apreciaciones no pretenden ser ni mucho menos una enmienda a la totalidad. Ya he dicho que la historia es original, ágil, muy entretenida, con algún personaje con chispa, como es el caso del tío de León (sí encuentro más discutible la excesiva inflación de personajes descabellados –el padre de Alma, los padres de Liberto, el propio Liberto-, lo que puede restarles fuerza). Además contiene un mensaje de redención a través de la entrega a los demás, aunque a última hora lo apoya en algo tan endeble como el sentido de manada.

En definitiva, una obra ágil que atrapa al lector (adolescente o no), con concesiones al discurso dominante que le sustraen hondura, y que invita a estar atento a nuevas propuestas de Álvaro García Hernández.

4 comentarios:

  1. Pues lo anoto. Y agradezco tu buena información sobre este título.

    Un abrazo desde El Puerto de Santa Maria.

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  2. Pues lo anoto. Y agradezco tu buena información sobre este título.

    Un abrazo desde El Puerto de Santa Maria.

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    Respuestas
    1. ¡Qué suerte! Disfruta de ese paraíso.

      Un abrazo.

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  3. Una reseña es buena cuando descubres cosas de tu propia obra que no habías visto por la cercanía. Ha sido un honor,Rafael.

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