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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

martes, 17 de noviembre de 2020

Mensaje en una botella de Julián Marías


 


En junio de 1984 Julián Marías publicaba un artículo titulado "La libertad en regresión". Lamentablemente la actualidad ha hecho que sus palabras recobren vigencia cuando estamos concluyendo 2020.


Aquí va el escrito en cuestión:


"HACE falta estar ciego para no ver la progresiva y rápida disminución de la libertad en España desde hace año y medio; desde 1981 había experimentado lo que podríamos llamar un principio de entumecimiento: había menos vivacidad, menos alegría, menos espontaneidad personal y social, un sentido más débil de empresa, de camino abierto hacia el futuro; la libertad era todavía respetada, pero no incitada o estimulada.

Desde las últimas elecciones la cosa ha cambiado, y muy de prisa. Conste, desde el primer momento, que esas elecciones fueron perfectamente limpias y legítimas, irreprochables desde el punto de vista democrático. Esto es esencial, pero no basta. Siempre he creído que si la democracia no está inspirada por el liberalismo, por la llamada a la libertad, por su constante estímulo, pierde su justificación y acaba por convertirse en un mecanismo -más poderoso que otros- de opresión. La justificación inicial del Poder -su origen impecablemente democrático- tranquiliza respecto a la forma de su ejercicio; y entonces se convierte en prepotencia, esa combinación de alarde del Poder y abuso de él.

Abuso legal -se dirá-. Sí, y en cierto modo eso es lo más grave: que la legalidad pueda amparar el abuso. La tendencia al intervencionismo del Estado es un rasgo que caracteriza la historia de Europa desde el final del antiguo régimen, desde la Revolución Francesa; cuando el liberalismo lo ha templado, ha permitido el admirable desarrollo de los países europeos y a la vez el incremento de la libertad; cuando el impulso liberal ha decaído o ha sido combatido con éxito, grandes porciones de Europa han entrado en diversas formas de servidumbre y se ha atenuado o extinguido en ellas el espíritu creador, la iniciativa personal y social, la capacidad de invención. Dos guerras mundiales han sido el atroz precio que ha habido que pagar por ello, y la perpetuación del espíritu antiliberal en media Europa y gran parte del mundo es la causa de que propiamente no haya paz.

En España, el Gobierno tiene pleno derecho a gobernar, y hasta a no hacerlo demasiado bien. Pero una cosa es gobernar y otra acometer apresuradamente la transformación de la sociedad española en todos sus campos. Apenas hay zona o porción de ella en que el poder público no haya intervenido: la economía, la educación, la justicia, la condición de los funcionarios, la industria, la información, la vida privada. Y dentro de cada campo, en el detalle de las ocupaciones, en las instituciones privadas, en el ámbito de las posibilidades de cada organización social o de los individuos. Esto ha producido una retracción de la libertad que afecta a la inmensa mayoría de los españoles. Nos sentimos, por lo pronto, observados -lo que no es poca limitación de la libertad-; el Estado (y en la práctica esto quiere decir no un nombre excelso, sino sus servicios particulares y las personas que están a su cargo) pretende saber cada vez más cosas de nosotros. Mientras se nos dice que faltan innumerables jueces, y hay que convertir en tales a los que no pueden o no quieren hacer una oposición, se nos anuncia que se va a jubilar a los que tienen entre 65 y 70 años (edad que quizá no sea muy buena para torear o hacer montañismo, pero parece inmejorable para juzgar). La educación va a estar cada vez más controlada y más lejos de la iniciativa social; la Universidad está viendo comprometida su autonomía no sólo administrativa, sino sobre todo intelectual.

Da la impresión de que se quiere aprovechar un tiempo limitado para dejar la sociedad española transformada, quizá de manera irreversible; para llevarla adonde acaso no quiera ir. Pero al mismo tiempo, mezclada con cierta desconfianza, se percibe una voluntad de continuar, un mal disimulado deseo de que sea «para siempre», que me recuerda demasiado la actitud que se dibujó en 1939.

Esto puede parecer excesivo; pero si se repara en la manera oficial de referirse al pasado inmediato, a la fase inicial y creadora del Reino de España, en que se operó la inmensa transformación del Estado mediante un consenso -tal vez excesivo-, en libertad y contando con todos, esa impresión se refuerza de un modo inquietante. Hay una equívoca propensión a asimilar ese periodo con los cuarenta años que lo precedieron, con el largo tiempo que en un quinquenio se transformó sin violencia ni heridas. Se quiere insinuar que en octubre de 1982 se operó no un cambio de Gobierno, sino un cambio de régimen. Y esto es una peligrosa falsedad. Se está produciendo algo que no existía en absoluto, y que me inquieta profundamente: la exasperación. Innumerables españoles, de todos los estratos sociales, de todas las ideologías, se sienten incómodos, vigilados, manipulados, hostigados. Cuando quieren proyectar algo se encuentran con que el Poder ha intervenido ya -o va a intervenir- para limitar sus posibilidades o para orientarlas en cierta dirección determinada. Esa dilatación de los pulmones que suele llamarse libertad resulta más difícil. Cuando se mira el periódico se encuentra en él cada día una nueva regulación, una restricción, un cambio, por lo general no deseado, en todo caso no consultado.

La mayor parte de la información encubre esto, y es parte de esa orientación: respecto del pasado, respecto del valor de los cambios propuestos, acerca de las posibilidades del futuro. Hay muchos españoles que se dan cuenta de todo esto; pero son más los que tienen pocos recursos para superar la manipulación informativa: tienen una vaga impresión de estar siendo utilizados, llevados no se sabe bien adónde; sienten un indeciso malestar; pero tardan en enterarse, en saber a qué atenerse.

Pero al fin se enteran; pueden tardar dos años, acaso tres, pero la perplejidad no es ilimitada. Richelieu se preguntaba «si se debe dejar que el pueblo viva a su gusto»; el pueblo acaba por advertirlo, quizá con irritación. Cuando en un país hay que realizar ciertas operaciones -por ejemplo económicas- urgentes, indispensables, penosas, hay que cumplir tres condiciones. La primera, explicarlas, justificarlas, conseguir la aceptación de la inmensa mayoría. La segunda, no ir al mismo tiempo en sentido contrario: por ejemplo, no sumar a la austeridad de unos el despilfarro de otros, no intenta convertir al país en una minoría de trabajadores y una mayoría de parásitos. La tercera, la más importante, no provocar fricciones que hagan imposible el asentimiento; no hostigar, una tras otra, a las fracciones del cuerpo social para convertirlo en otra cosa, en lugar de dejarlo inventar, proyectar, realizar con holgura y espontaneidad las transformaciones que broten de su fondo creador y fecundo.

Me parece un deber -ya urgente- advertir estos riesgos, antes de que se consume lo que no se ha producido por fortuna, pero algunos de cuyos síntomas me parecen inconfundibles, y que se van a acentuar si no se vuelve a inyectar la libertad en el mecanismo de la democracia: la ruptura de la concordia."

lunes, 16 de noviembre de 2020

La lógica del poder



Si uno aspira únicamente al estatus que da el poder, y otro desea el poder para aplicar un programa de ingeniería social, lo más normal es que si ambos necesitan apoyarse para alcanzar dicho poder el primero se verá arrastrado a seguir las consignas del segundo pues no tiene más pretensión que mantenerse en la cima.

Ahora bien, es cuestión de tiempo que el segundo trate de desbancarle para ejecutar personalmente su megalómano propósito. El poder es un bien que no se comparte por aquellos que lo ambicionan.

viernes, 30 de octubre de 2020

De "sola y borracha " al toque de queda




Al presidente de España le incomoda la palabra "toque de queda". Dice que debemos ir "acuñando todos una expresión más contemporánea", a saber, "restricción de movilidad nocturna", para así evitar ciertas connotaciones vinculadas al pasado. 

Amigos todos, esto que está sucediendo nada tiene que ver con ese pasado que estamos reescribiendo mediante leyes coercitivas como la Ley de Memoria Histórica, aquí os tratamos como a menores de edad por vuestro bien, no como antes de llegar nosotros.

¿Y la RAE qué dice del dichoso término toque de queda? Pues que se trata de una "medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad durante determinadas horas, generalmente nocturnas". Vamos, lo que ha impuesto el gobierno, aunque luego se haya puesto de perfil para que lo sigan aplicando los respectivos gobiernos autonómicos, como es el caso del de mi comunidad.

Se trata, sin duda, de un estado de pérdida de libertad personal grave, no digamos cuando, como es el caso, va acompañado de la imposibilidad de salir de la propia localidad. ¿Dónde están los límites a esta sucesión de medidas? Ya no se sabe. Aquí cada cortijo marca sus reglas sobre la marcha. Hay quien ya va avisando de que en el suyo va a meter a todos en casa cualquier fin de semana de estos.

Particularmente estoy harto, porque ya no se trata de abogar por determinadas posiciones políticas o medidas sanitarias, sino de la interferencia manifiesta en la vida personal, de la discrecional restricción de libertad personal a golpe de inspiración gubernativa, y además por parte de los mismos que negaban la mayor cuando toda Europa estaba tomando medidas para evitar lo que ha llegado.

Sí, hay una pandemia con graves consecuencias en algunos de los casos, pero ¿justifica eso cualquier cosa? ¿Con la atención puesta en la seguridad a toda costa, no estamos olvidando las otras cosas que ponemos en juego? ¿No están mostrando buenos resultados países que aplican medidas más racionales y menos salvajes? ¿De verdad alguien piensa que es más contagioso el virus por pasear por el parque sin mascarilla que viajando en un tranvía lleno de gente?

Acabo de leer la reseña que escribió Julián Marías a propósito de una película titulada Los valientes andan solos. En la misma dice lo siguiente: "El Oeste se ha transformado; hay más coches que caballos, más carreteras y autopistas que praderas; la ley y las ordenanzas dominan por todas partes e interfieren no sólo con el crimen, sino con la «real gana», aunque esté nutrida de motivos nobles".

La regulación desmedida de las acciones humanas interfiere no sólo en el crimen, sino en la libertad, aunque ésta se emplee para algo tan noble como hacer la propia vida.

Robespierre pasó de la condena sin paliativos de la pena de muerte al terror. Aquí hemos ido en un suspiro de pedir volver a casa "sola y borracha" a ser sancionados por estar en la calle más allá de las 11:00.

Gracias por nada.

jueves, 22 de octubre de 2020

"Las libertades que nos hemos dado" y que ahora estorban

 Ciudades "confinadas", helicópteros sobrevolando esta en la que vivo en la madrugada. Controles policiales en las salidas. En las noticias se anticipan próximos toques de queda. Búsqueda de culpables: aquel ágape de compañeros de trabajo, esa celebración familiar, cualquier evento mínimo puede ocupar un titular acusatorio. Seguro que son fuentes perniciosas de contagio, y no un transporte público saturado, por ejemplo.


Lo impensable hace nada ahora es aceptado con naturalidad e incluso jaleado por medios de comunicación y por gentes corrientes hambrientas de seguridad. Empieza a valer todo. ¿Por qué no la ley marcial o la censura de prensa? Al paso que vamos puede llegar, con esos nombres o con otros.


¿No hay otro modo de atajar este virus? ¿Acaso no se podría haber gestionado de otro modo? ¿Por qué otros países tienen mayor éxito sin necesidad de alcanzar semejantes restricciones y coacciones? ¿Estamos condenados a ser súbditos de los que saben lo que se hacen, aunque ayer llevar mascarilla fuera una indecencia y hoy se multe severamente su carencia en mitad de un prado?


"Las libertades que nos hemos dado", según fórmula tan cacareada, parece que ahora son objeto de reproche para quienes pretenden ejercerlas.



domingo, 18 de octubre de 2020

Luri & Luri. "Mi familia es bestial"



Dicen los que saben que una buena obra literaria tiene necesariamente que estar arraigada en la vida de su autor, y yo, que apenas sé nada, también lo creo. La trama puede ser todo lo ficticia que se quiera, pero las vivencias personales (incluyendo las imaginadas) van tiñéndola para configurarla.

Así es Mi familia es bestial, un buen libro de ficción en el que sus autores se asoman en los personajes sin que estos pierdan un ápice de su singularidad. No confundir inspiración con réplica.

Eudoxio es un abuelo lleno de imaginación que sueña con volar. En este propósito cuenta con la complicidad de su nieto Bruno, quien no siempre distingue bien dónde empieza y dónde acaba la fantasía del anciano. La relación de ambos personajes anima una novela salpicada de simpáticas reflexiones y no pocas adivinanzas.

Si bien está orientada a un público infantil-juvenil, se deja leer con sumo agrado por cualquier lector.



Sus autores son también nieto y abuelo, en concreto Bruno y Gregorio Luri, quienes se han repartido la faena escribana e inspiradora en proporciones que sólo ellos conocen. Si no me equivoco es la primera publicación de ficción para ambos, si bien Gregorio es bien conocido por sus libros filosóficos, pedagógicos e históricos.

Desde este blog deseamos que no sea la única obra de ficción y que en un futuro no lejano se sumerjan todavía más en el campo de la imaginación y nos cuenten las aventuras del Conde de Herzegovina, de Florinda Flor de las Nubes y de muchos otros personajes cargados de aventuras. Como canta Alejando Sanz, si no quieres flamenquito no toques las palmas. No pueden dejarnos con la miel en los labios.




lunes, 12 de octubre de 2020

De la Virgen del Pilar y los aires acondicionados

Hoy ha sido el día del Pilar. Día grande donde los haya, particularmente en mi ciudad donde tal Virgen tiene su morada.

A cuenta del coronavirus no se han podido realizar multitud de actividades, pero luego cada cual ha hecho lo que ha podido.

En el balcón de casa hemos colgado una tela de una Virgen con un niño Jesús bien sonriente.



Tras la comida familiar parte del clan nos hemos acercado al templo a visitar a nuestra Señora. Había cola, pero en poco más de diez minutos hemos podido acceder a la Basílica.




Dado que la fila transcurría junto al ayuntamiento de la ciudad me he fijado en que en el exterior de sus ventanas había aparatos de aire acondicionado, algunos con aspecto de llevar allí muchos años. Curioso, pues yo tenía entendido que la normativa de ese mismo ayuntamiento prohibía que estuvieran así instalados, máxime en un edificio de esta calidad.

Lo que es la ignorancia de unos y la listeza de otros.





martes, 8 de septiembre de 2020

Julián Marías en Radio Nacional




En su momento Radio Nacional de España hizo un programa especial narrando la vida del filósofo Julián Marías. Me parece fantásticamente realizado: ágil, atento a lo relevante, recogiendo testimonios de personas cercanas y del propio Marías.


Afortunadamente el divulgador Manuel Real nos ha dado acceso al mismo a través de su canal de Youtube.


Personalmente, al escucharlo, hay momentos en que me emociono, no sé si porque me voy haciendo mayor y soy un sentimental o porque realmente es para emocionarse, pero el caso es que me provoca ese efecto.