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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

lunes, 12 de noviembre de 2018

No va a quedar nada




Hace más de treinta años un cura diocesano llamado don José Rivera advertía de que en unos lustros "no iba a quedar nada". Prácticamente todo el catolicismo iba a desaparecer en España; probablemente en Europa.

Aquel cura sabio de sotana raída, metido continuamente entre los gitanos de Toledo, basaba su pronóstico en algo de poca trascendencia pública: la formación en los seminarios. Don José se daba cuenta de que aquellos seminaristas de entonces serían con el tiempo los futuros timoneles de la Iglesia. De ahí saldrían los párrocos, obispos, teólogos, cardenales que regirían el destino del catolicismo. Pero, ¿qué esperar de ellos si su formación había entrado en un declive vertiginoso?

Basta mirar la Iglesia para ver el rumbo que sigue con insensato entusiasmo. "Queremos caer bien", parece ser la gran preocupación.

Esto mismo lo vemos en todos los ámbitos de la vida, particularmente los más visibles, como la política o la educación. Afirmaciones, modos de hablar que habrían provocado el sonrojo de un niño, se exhiben desde la tribuna con una seguridad satisfecha que produce estremecimiento.

¿Y el profesorado? De todo hay en la viña del Señor (viña con uve y Señor en mayúscula, por si acaso), pero hay que reconocer que los tuertos de ayer son los genios de hoy, porque encontrar gente con dos ojos resulta una labor casi sobrenatural. ¡Guías ciegos...!

Urge estudiar. Urge formarse. Urge exigir y, sobre todo, exigirse. Urge dejar de elogiar a "la juventud" y marcarle metas ambiciosas, no excusas para la huida, para la autocomplacencia. Urge ser más, ¡¡ser al menos algo que merezca mínimamente la pena!!



miércoles, 31 de octubre de 2018

La Europa que pudo ser... y por un tiempo llegó a ser



Nueve reyes reinantes reunidos en una sola fotografía. Hasta la fecha, único caso en la Historia.
El encuentro se produjo en mayo 1910 a raíz del entierro del rey Eduardo VII de Inglaterra. Ya nunca se repetiría.
La conocida como "paz armada" desembocaría en la Primera Guerra Mundial, un acontecimiento atroz que, entre otras cosas, se llevaría por delante la mitad de aquellas monarquías y tendría su continuación en una nueva y más devastadora guerra.
Stefan Zweig recogería en su magistral "El mundo de ayer" lo que representó este periodo.
En la foto, de pie de izquierda a derecha: el rey Haakon VII de Noruega, el zar Fernando de Bulgaria, el rey Manuel II de Portugal y el Algarve, el Kaiser Guillermo II de Alemania y Prusia, el rey Jorge I de Grecia y el rey Alberto I de Bélgica.
Sentados, de izquierda a derecha: el rey Alfonso XIII de España, el rey Jorge V del Reino Unido y el rey Federico VIII de Dinamarca. Todos ellos y sus esposas guardaban algún grado de parentesco entre sí.

sábado, 20 de octubre de 2018

Inhumano, demasiado inhumano



Estoy releyendo a Nietzsche. Tenía algunas cuentas pendientes con él y me había propuesto saldarlas. Tanto es así que he invertido un buen pellizco de mis ahorros en comprar sus obras completas, las de Tecnos, aparcando las que hasta ahora he venido utilizando por no resultarme fiables.

Pero me hace daño. Confieso que leerlo me hace daño. Su mensaje "liberador" no me da, sino que me quita; no me eleva, me despoja. Dinamita lo que había y señala un mundo nuevo, pero éste nace herido de muerte. Si Dios ha muerto, ya no hay palabras de vida eterna, sólo un gesto efímero, una mueca invisible, polvo, nada.

Nietzsche y la pos-ilustración se ponen a la faena de quitar máscaras pero tras ellas sólo aparecen seres desfigurados, informes.

Las formas han muerto, ¡viva el súper-amorfo!

¡Todo es mentira! Inventemos nuestras propias mentiras y serán buenas por ser nuestras. 

¿Nuestras? ¿Mías? ¿Y quién soy yo?

¡No! Una mentira es una mentira. Y el eterno retorno una sandez; con lo cual de él no se puede derivar principio moral alguno. ¿No te proclamabas anti-idealista? ¿No eras tú quien reprochaba el "como si" del imperativo categórico kantiano? ¿Cómo digerir entonces el "como si" todo fuera a repetirse, si eso realmente no va a suceder? No, no va a suceder pese a tus desesperados esfuerzos mesiánicos. Cada momento es único, irrepetible, un punto de inflexión. En eso Kierkegaard te llevó la delantera.

Casi un par de siglos antes de que Nietzsche naciera, escribía Pierre Bayle:

“… podría compararse a la filosofía con unos polvos tan corrosivos que, tras haber consumido las carnes purulentas de una llaga, roerían la carne viva y corroerían los huesos, horadándolos hasta los tuétanos. La filosofía refuta,  de entrada, los errores, mas, si no se  la detiene en ese punto, ataca las verdades, y, cuando se la deja campar a sus aires, llega tan lejos que uno no sabe hasta dónde ha llegado, ni sabe ya cómo detenerse".

El pensamiento pos-ilustrado actúa como la carcoma. Y cuando llega al hueso afirma: "esto es lo que estaba encubierto. No hay más. Calcio". ¿No ha olvidado que eso con lo que se ha encontrado estaba al servicio de lo que ha disuelto? ¿No se da cuenta de que los huesos existen para que cuerpo se yerga y se mueva, y viva?

Una libertad sin norte contenida en una pompa de jabón ignorada y a punto de desvanecerse; ¿es eso la vida?

De ser así, lloremos, porque como dice un personaje de Leyend: "Si la vida es sueño, temeréis el despertar".





jueves, 18 de octubre de 2018

El enfado de Aristóteles



"Aristóteles decía que es muy fácil enfadarse, que lo difícil es enfadarte con la persona oportuna en el momento oportuno, con la intensidad oportuna y en el contexto adecuado".
Esta cita forma parte de un corte de una charla impartida por una pedagoga en un prestigioso foro; la misma está colgada en Internet y ha sido compartida infinidad de veces.

A continuación, la ponente aprovecha la cita para decir que "lo que ha hecho el neurocientífico es tunear a Aristóteles con demostraciones científicas".
La cita aristotélica me suena a manual de autoayuda, pero no a Aristóteles. Me produce comezón y empiezo a rastrear cuál puede ser el origen de la misma. En Google la encuentro repetida varias veces, siempre aislada, fuera de cualquier contexto. Finalmente doy con una página llamada "A través de las emociones" que al fin cita la obra origen: "Ética a Nicómaco". No me suena que aparezca nada remotamente parecido a eso.
Rastreo. En la Ética aristotélica lo único que se dice del enfado es que, a pesar del mismo, los amigos buscan el bien del otro; ni una palabra más. Nada sobre la facilidad de enfadarse, sobre la oportunidad de hacerlo, o sobre el contexto adecuado para llevarlo a cabo.
Me surgen algunas dudas:
¿Justifica ser "buena gente" y tener "buenas intenciones" la falta de rigor?
¿Puede darse como válida una cita extraída de un medio tan contaminado como los "memés" de Internet sin tomarse la molestia de acudir a la fuente?
¿No se arriesga uno a perder su autoridad cuando acude a un principio de autoridad sin constatar que la misma realmente ha dicho lo que se le imputa?
No podemos compartirlo todo sin cotejarlo; no podemos ser transmisores de la mentira por omisión manifiesta.
Dicho lo cual, errar es humano y don Perfecto se murió, pero bueno, vamos a tratar de mejorar sin "enfados" (ni siquiera pseudoaristotélicos), y vamos a empezar a acudir a las fuentes, que para eso están.

domingo, 14 de octubre de 2018

Aristóteles: Los dioses

En su testamento Aristóteles manda erigir algunas estatuas de dioses en memoria de algunos familiares. Mas, ¿no afirmaba el Estagirita la existencia de un único Dios, causa primera, pensamiento de pensamiento...?

En este vídeo indagamos en esta aparente contradicción del gran filósofo.

¡Bienvenidos a bordo, polizones!


jueves, 11 de octubre de 2018

Mi 600



El coche de algún vecino se incendió en el garaje y el humo lo invadió todo. El Seiscientos de mi padre quedó ennegrecido, la gente se volvía por la calle al vernos pasar pero a mí me daba igual; aquel era "mi" Seiscientos. En él viajábamos hasta el pueblo mis padres, mi abuela, mi hermana y yo con maletas y bolsas a tutiplén y la jaula de los periquitos sobre las rodillas.
Un día mi padre, feliz, nos dijo que nos guardaba una sorpresa. Nos bajó hasta el garaje y nos enseñó un nuevo coche. ¡Nada menos que un Seat 131! Me llevé el berrinche de mi vida. Yo sólo gritaba: "¿Dónde está mi Seiscientos?" Una vez más la imparable fuerza de la edad adulta arrollaba mi universo infantil.
En fin, con el tiempo tuve que acostumbrarme al nuevo vehículo y resignarme a la pérdida de aquel coche con forma de mariquita que a mí me parecía la maravilla de las maravillas.
Si algo me ha quedado claro es que conforme me hago mayor las cosas del mundo van menguando. Antes todo era más grande: mi clase, el patio del recreo, y hasta aquel "cochazo" ahumado que no sé porqué motivo ha venido esta noche a mi memoria.