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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

miércoles, 17 de junio de 2015

El fracaso del profeta



Yo no sé si cuando un profeta ve cumplidos sus negros vaticinios ríe o llora. Yo pienso que llora, y además amargamente, porque atisbar el fuego y tocar la campana para avisar y que dicho repique no sirva para que las gentes se pongan a la tarea de extinguirlo representa el más penoso de los fracasos.

Por eso creo Ortega y Gasset se debe estar revolviendo en su tumba. Hoy uno lee La rebelión de las masas y encuentra que es infinitamente más actual que cuando se escribió. En la era de la "mundialización", ese hombre heredero del esfuerzo de siglos por construir estructuras culturales y sociales complejas sobre las que sostener la prosperidad, como le vienen dadas, como estaban ahí cuando llegó, actúa irresponsablemente creyendo que son tan naturales como las hierbas del campo o las nubes del cielo. Se siente con derecho a todo, a jugar con ellas, a retorcerlas, pues en el fondo cree que nunca han de fallar. Es la actitud del niño mimado: todo son derechos y éstos llueven del cielo.

Ahí está el especialista bárbaro, conocedor de su minúscula parcela del saber que consciente de su cualificación en dicho reducto tiene la desfachatez de decidir sobre cualquiera de los órdenes sobre los que lo ignora casi todo.

Lo más angustioso es que frente a este panorama que acelera nuestra caída, parece no haber nadie para hacerle frente.

Escritores que parecían haber conservado un grado de sensatez, comunicadores, formadores... más pronto que tarde acaban repitiendo el discurso dominante, con alguna pose, eso sí, para que no parezca.

Se dice que la batalla de las ideas está perdida. ¿Pero es que se está librando alguna batalla de ideas? Yo no la veo. Lo que veo es la fuerza de la propaganda y de la "doxa" que se lleva todo por delante sin apenas resistencia.

¿Quién se atreve hoy a decir en la plaza pública que el rey está desnudo? Hacemos chanza del geocentrismo medieval y luego nos creemos que somos el centro de la Historia, que la última ocurrencia que nos ha venido a la mente es el súmmun del pensamiento, que estamos aquí para corregir los errores de toda la humanidad que nos precedió (y ya de paso de la Naturaleza, esa "estúpida" que un día decidió perpetuar las especies a través de la disyunción sexuada y de la protección del ser viniente en el seno materno).

Sí, don José, tenía usted razón, somos los nuevos bárbaros. Nos diferenciamos de los antiguos en que éstos no tenían a la espalda una cultura que les redimiese de su condición, mientras que nosotros hemos decidido miccionar sobre ella.

6 comentarios:

  1. Solo se me ocurre de momento, y como paliativo ante la amarga realidad que tan clara y lúcidamente nos presentas, amigo Rafael, recordar un verso de Antonio Machado:
    Hoy buscarás en vano a tu dolor consuelo/ lleváronse las hadas el lino de tus sueños/ está la fuente seca y está marchito el huerto/ hoy solo quedan lágrimas para llorar/ no hay que llorar, silencio.

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    1. Grande Antonio Machado. Grande Abraham Sabino.

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  2. Una realidad que has sabido expresar de una manera fantástica.

    Mi abrazo envuelto en felicitaciones.

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    1. Verte por aquí ya es una fuente de felicidad.

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  3. Es una realidad verdaderamente amarga, pero seamos positivos: ¿no crees que tus hijas y sobrinos, a los que nos has presentado en tu blog, junto con otros muchos,son capaces de limpiar el polvo que oscurece el brillo de la bondad y grandeza humana? Estoy seguro que ellos no miccionarán sobre la cultura...

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    1. Te contesto con la siguiente entrada que no pensaba escribir, porque estoy empantanado con otra cosa. Pero creo que el tema merece la pena.

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