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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

miércoles, 21 de abril de 2010

Explicando Kant a una botella de cerveza Ámbar


Me he topado por la calle con el anuncio de Ámbar que figura en la fotografía adjunta. Hay que reconocer que las botellas de la cerveza Ámbar no son unas botellas cualesquiera, porque entender a Kant no es tarea fácil. Así que me propongo ayudarles un poco facilitándoles alguna clave que les haga más comprensible el pensamiento del filósofo más rutinas de todos los tiempos.

La filosofía clásica había puesto su atención en comprender en qué consistían las cosas. Para ello Aristóteles ideó las “categorías”, que no eran otra cosa que las propiedades que las cosas poseían. Por ejemplo, una cosa puede ser marrón (categoría de cualidad), o pesar tres kilos (categoría de cantidad), o haber sucedido el dos de abril (categoría de tiempo), etcétera.

Pero Kant dará un golpe de timón (“giro copernicano”, lo llamó él). Para Kant las “categorías” en realidad no son propiedades que poseen las cosas, sino atributos que nosotros damos a esas cosas para poder asimilarlas, para llegar a conocerlas. Así, por ejemplo, el espacio y el tiempo no forman parte de las cosas, sino que somos nosotros quienes los vertemos sobre ellas para poder aprehenderlas.

¡No te asustes, botella de Ámbar, que enseguida te voy a aclarar todo este tinglado!

Imagina que miramos por un microscopio las células de un tejido cualquiera. Lo más probable es que si nos limitamos a poner la muestra en la platina no veamos nada. Para poder contemplar esas células tendremos que introducir un tinte que nos permitirá ver sus contornos y contrastes. Como es lógico, dicho tinte hace variar la apariencia de las células que, por ejemplo, se verán azules. Las células no son azules en condiciones naturales, pero si no la tintáramos nos sería imposible contemplarlas. Es decir, alteramos la realidad de las células echándoles tinte para así poder observarlas.

Pues eso es precisamente lo que nos dice Kant. El pensador prusiano sostenía que el espacio y el tiempo no forman parte de las cosas, sino que son como el tinte del microscopio, elementos que nuestra mente aporta para poder asimilar las cosas.

¿Choca con la evidencia? Depende como se mire. El pasado ya no existe, luego no es. El futuro no ha llegado, luego tampoco es. Sólo contamos con el presente. Un presente “continuo”, podríamos decir. Las cosas están aquí y ahora, no rememoran ni prevén (eso lo hacemos nosotros), por tanto no cuentan con un pasado ni con un futuro. ¿Me sigues? Quizá es demasiado para una botella. Tampoco tienes que preocuparte, con que estés fresquita es suficiente.

Y ahora, con tu permiso, te voy a abrir para echarme un trago. Tanta explicación filosófica me ha secado el gaznate.

1 comentario:

  1. ¡¡Hola Rafa!!

    En primer lugar, enhorabuena por tu blog. Está francamente bien. (Que sepas que aunque es el primer comentario que te pongo, lo sigo diariamente).

    Respecto al artículo, en mi opinión, la consideración del espacio y el tiempo como formas a priori de la sensibilidad sí que choca con la evidencia, porque aunque el espacio y el tiempo sean relativos, no lo son al sujeto, sino a la materia (en el caso del espacio) y al movimiento (en el caso del tiempo). Es verdad que el tiempo "se presta" más a pensar que está en función del sujeto que la percibe, pero ¿qué me dices del espacio? En el caso del espacio, la postura kantiana choca aún más con la evidencia...

    Mucho ánimo con el blog que seguro que hará mucho bien.

    Un abrazo.

    Javi (

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