Llevaba años no queriendo hablar y sintiendo que debía hacerlo. A veces encontraba una excusa, otras simplemente ahogaba mi conciencia. Este año decidí que no iba a dejarlo pasar. Hablaría. Anoté una y otra vez las ideas, traté de ordenarlas, de elaborar un discurso coherente. Debía ser breve y claro. A fin de cuentas, yo sólo era uno más entre los más de cuatrocientos que componían la asamblea y mi intervención, de producirse, sería en el turno de ruegos y preguntas.
Llegó el día. Por la noche apenas había pegado un ojo. Por suerte me acompañaba mi esposa, sabedora de la importancia que aquel gesto mínimo representaba para mí. Arrancó la asamblea. Conforme pasaban los minutos mis nervios se incrementaban. La tribuna estaba minuciosamente dispuesta, bien iluminada, con los ponentes leyendo sus elaborados discursos en los teleprónter. Me sentía una hormiga o, peor aún, un absurdo. Ellos daban datos precisos, estrategias definidas, eran los portavoces de los principios que regían nuestra organización. Yo, oculto en aquella sala a oscuras, era, a lo más, una mancha en el papel, algo que no debería estar allí.
Cuando todo parecía concluído y se iba a dar cierre al acto, pedí la palabra. Todas las cabezas se giraron hacia mí. Manoseaba la hoja que hasta unos segundos antes había repasado. Hablé con torpeza. Los nervios hacían de mi exposición algo confuso, agravado por la angustia que asomaba en mi voz. Aun así pude decir algunas cosas: Que nuestros "valores" no eran tan sólidos como decíamos. Que en vez de cambiar el mundo el mundo nos había cambiado a nosotros. Que ese mundo que nos hacía a su imagen y semejanza estaba herido por la desvalorización de vida y la dignidad de cada ser humano: el aborto, la eutanasia, los embriones congelados... Récord de suicidios y de ansiolíticos. La realidad no tolera el vacío, y al ignorar la doctrina social de la Iglesia que nos constituyó las modas del momento nos estaban devorando.
Al acabar recibí una fuerte ovación. Era plenamente consciente de que se trataba de un reconocimiento a mi esfuerzo y a mis apuros, y no de que la adhesión a mis palabras, pero al menos habían sido dichas. Un par de días más tarde la organización hacía pública su determinación en promover la doctrina woke y tenerla por bandera... Es decir, en seguir "al mundo" con paso firme.
Hace sólo tres días el Papa León XIV habló ante el parlamento español. Defendió la vida sin componendas ni rencor. Fue un canto a la dignidad humana. Al concluir, los allí presentes aplaudieron con entusiasmo. Hoy, jueves 11 de junio de 2026, ese mismo parlamento ha aprobado medidas para "blindar" la eutanasia y agilizar sus trámites.
Es hora de barrer las palmas y los ramos de olivo. La fiesta ha concluído.

No hay comentarios:
Publicar un comentario