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sábado, 29 de marzo de 2025
Por todo lo alto
domingo, 23 de marzo de 2025
Debí comenzar con un crimen
Cuatro clases de dos cursos, primero y segundo de la ESO. Los de segundo, levantiscos, con ganas de motín. Arrastran las sillas, se agitan y gimen como macacos para marcar el territorio. Todos son machos de la misma especie.
Los profesores en actitud de perro de caza, marcando para que la situación no se vaya de madre más de lo imprescindible.
Yo trato de hablar de escritura, de cómo concebir y plasmar una buena narración, es para lo que me han invitado. Los de primero, en la zona de delante, participan, los otro aúllan a la menor ocasión.
Al acabar la escasa hora de mi intervención salen del salón; las clases han acabado. He hecho lo que he podido, menos de lo deseado. No hay sorpresa. Un día yo estuve sentado en el mismo lugar que ellos e hice alarde de su misma simpleza. Patético.
Ya de noche, acostado, se me enciende la bombilla. Debí comenzar narrando un crimen, atrapar su atención con una historia intrigante con aires de verosimilitud, y una vez metidos en la red, desentrañar los recursos de una buena narración.
Será en otra ocasión.
sábado, 8 de marzo de 2025
Algo habrás hecho
Leo un artículo de Alberto Olmos a propósito de la película Emilia Pérez. En el mismo explica que la ha visto en dos ocasiones, la primera en plena efervescencia propagandística, cuando no se había estrenado nada tan maravilloso desde que los Lumière inventaron el cinematógrafo. Su protagonista, un hombre "transformado" en mujer, estaba nominado al Óscar a la mejor actriz. Era un estandarte del wokismo. Por primera vez una persona "trans" podría recoger la estatuilla reservada a las mujeres. Era "lo más".
En apenas unos días saltó el escándalo. Una periodista canadiense de origen iraní rastreando tuits desubrió algunos que tiempo atrás había publicado el protagonista y que lo exponían como un racista. De la noche a la mañana la película se convirtió en ofensiva y reaccionaria. Ahora disgustaban acentos y localizaciones, las canciones, el guión; todo estaba mal. Era deleznable.
"Les juro que el primer plano de la película era el mismo las dos veces, y que su metraje corría por la pantalla con idéntica estructura, idénticos actores, idénticos gestos de los actores. Las canciones también eran las mismas" -escribe Olmos.
Algo había cambiado, y no era la película. Su protagonista ya no era uno de los nuestros.
Veo una entrevista o conferencia de hace unos años realizada al historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui. La voz que pregunta (no se ve en pantalla a su emisor) señala la diferencia entre el desorden y la inseguridad que reinan en Mexico y lo civilizados que resultan los Estados Unidos, y tras un breve intercambio esa voz añade: "claro, la diferencia es que aquí llegaron todos los que estaban presos, eran una bola de bandidos, muchos de ellos sifilíticos, que decidieron subirse a una lancha porque tenían o pena de muerte o pena eterna..."
Entonces Zunzunegui aclara: "Los que eran sifilíticos la adquirieron al llegar, porque la sífilis es una enfermedad americana".
Entonces la voz fuera de pantalla pega un giro de ciento ochenta grados y dice inmediatamente: "Ah, ¿no me digas? ¡Bueno, alguna venganza tenía que haber!"
Al margen de que se sostenga que las colonias inglesas fueron pobladas por ángeles, mientras que a los territorios españoles acudieron demonios, viene a resultar que la sífilis transmuta al instante de enfermedad espúrea a bienaventurado instrumento de justicia.
El imperativo categórico kantiano venía a decir: «obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza». Es decir, sé justo, obra con los demás como te gustaría que obraran contigo; no tengas acepción de personas; usa el mismo criterio con todos.
Pues bien, la inclinación humana es justo la contraria. No mires "el qué" de la acción, sino "quién". Si es de los tuyos, justifícala, si es de "los otros", condénala.
Lo vemos por doquier, y lo peor de todo es que quienes se mueven en ese sectarismo son los mayores moralizadores que existen. Que Dios nos pille confesados...
sábado, 8 de febrero de 2025
El reloj de Leibniz
Me apetecía hacer un vídeo recuperando el estilo original del canal. Así que me he traído como invitado especial para este evento al señor Leibniz. De paso, sincronizamos nuestros relojes...
Espero que os guste.
viernes, 31 de enero de 2025
Escapada provechosa a la capital del reino
Escapada provechosa a los Madriles junto a mi santa esposa para ver la exposición organizada por la Complutense en torno a Julián Marías.
Valoración de la misma: excelente. Muy recomentable.
Aquí te lo cuento:
lunes, 27 de enero de 2025
Mi lectora favorita
Hay noticias que le conmueven a uno en lo más íntimo. Y hoy, precisamente, he recibido uno de esos regalos. El caso es que charlando con mi amigo Manuel me ha dejado caer como si tal cosa que su hija Katia ha hecho una exposición en clase de mi libro Mabel, la princesa de Íncaput. La verdad, no estaba preparado para una revelación tan espléndida e inmerecida.
Katia es una niña despierta y alegre que posee la gracia de lo andaluz en grado sumo. Este verano tuve la oportunidad de compartir con ella y con su hermano Dante, otro gran lector, aventurero y conversador, un refresco y una aventura náutica en la Plaza de España de Sevilla.
El caso es que Katia ha tenido a bien no sólo leerse mi libro, sino disertar sobre él en su clase. Y qué quieren que les diga, que desde ese mismo instante se ha convertido en mi lectora favorita y así se lo he hecho saber telefónicamente.
Además, ha despertado el interés de una amiga suya que se lo ha pedido prestado, y Katia, generosa, ha accedido; eso sí, advirtiéndole de que se lo cuide bien pues lo tiene dedicado por el autor.
En conclusión, hoy me he sentido un tipo muy afortunado al descubrir que ha merecido la pena narrar las aventuras de Mabel. Únicamente con esta fantástica lectora está compensado todo con creces.
domingo, 12 de enero de 2025
La sustancia de los sueños
En más de una ocasión he soñado con personas ya muertas. Cuando esto sucede no es extraño que sea consciente de que han fallecido, de que no es normal que ellos estén ahí, actuando, hablando, ¡vivos! Con no poca congoja trato de advertirles, de explicarles lo inaudito de la situación.
Lo del otro día fue algo distinto. Soñé con Javier B., quien murió durante la pandemia a consecuencia de un infarto. ¿La vacuna? Yo qué sé.
En mi sueño estaba rejuvenecido y sonriente. Vestía una camisa azul mahón algo arrugada. Yo no podía evitar mostrar sorpresa. Le decía que había oído que había fallecido, pero que afortunadamente estaba claro que no era así, que era un error. Y para cerciorarme lo tocaba y le decía que era indudable que él estaba allí, tan seguro como que yo mismo lo estaba, que no era un sueño como me había sucedido en otras ocasiones. Ahora no cabía la menor duda.
Desperté y quedé confuso. ¡Era todo tan real! Tan real como la misma realidad.
Pensé en Descartes: ¿cómo distinguir la vigilia del sueño si en ambos todo se presenta como real? ¡Pero si Javier estaba claramente ante mí, presente ante mis ojos y mi tacto; hablándome!
El Próspero de Shakespeare en La Tempestad sostiene: "Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir".
Pero, ¿y si la vida misma no es más que un dormir en el que soñamos que vivimos?
En ese caso, como dice Unamuno al final de su Vida don Quijote y Sancho: "¡Y si es la vida sueño, déjame soñarla inacabable!"
Esta foto nos la tomó Javier a Julio y a mí cuando trabajaba como fotógrafo para el desaparecido periódico El Día. Lo que ya no sé es si estuve allí o si es un retazo de otro sueño, de otra vida, del joven que creía ser y que soñaba con ser otro que yo.