Solo puede decirte una cosa : ¡ Genial! Nadie te supera en interpretación y el atrezzo de muerte, ese cucharón .... Genial, de verdad, así cualquier cosa que explicas entra muy bien. Un abrazo fuerte
Conocí a Popper en un libro exquisito de entrevistas ("Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo", de Guy sorman) Leyendo las memorias de Julián Marias, este nos cuenta un encuentro casual en un hotel, en que Marías se presenta y se saludan (¿conocería Popper quién era aquel joven español?) y se despiden siguiendo cada unos sus caminos separados, termina contando el de Valladolid. El concepto de falsabilidad (me encanta lo de refutabilidad) es tan ilustrador que emociona, no sé si es en si un concepto falsable, es enormemente útil para evitar muchas trampas intelectuales. Muchas gracias por este vídeo en que de alguna manera revisitas los orígenes del canal que tanto se echa de menos
Solo puede decirte una cosa : ¡ Genial! Nadie te supera en interpretación y el atrezzo de muerte, ese cucharón .... Genial, de verdad, así cualquier cosa que explicas entra muy bien. Un abrazo fuerte
ResponderEliminarMil gracias, Ángel. Un abrazo bien grande
EliminarAsí es. Lo expresas tan bien, que es un deleite escucharte.
ResponderEliminarUn abrazo.
Tú, que eres muy generosa. Un abrazo, Amalia
EliminarConocí a Popper en un libro exquisito de entrevistas ("Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo", de Guy sorman) Leyendo las memorias de Julián Marias, este nos cuenta un encuentro casual en un hotel, en que Marías se presenta y se saludan (¿conocería Popper quién era aquel joven español?) y se despiden siguiendo cada unos sus caminos separados, termina contando el de Valladolid. El concepto de falsabilidad (me encanta lo de refutabilidad) es tan ilustrador que emociona, no sé si es en si un concepto falsable, es enormemente útil para evitar muchas trampas intelectuales. Muchas gracias por este vídeo en que de alguna manera revisitas los orígenes del canal que tanto se echa de menos
ResponderEliminarMuchas gracias, Joaquín. No tenía el menor recuerdo de esa anécdota de Popper y Marías. Qué bueno. Un abrazo fuerte
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