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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

lunes, 6 de septiembre de 2010

Mártires, aquí, hoy, entre nosotros






Los dedos de la mano derecha le tiemblan, mientras el peso de su espalda encorvada se descarga sobre una muleta. Son las secuelas visibles de las palizas que ha sufrido; aunque hay otras que no son visibles: problemas pulmonares, de hígado...

No hay tristeza en sus ojos, más bien son alegres, sonrientes, casi traviesos; en un cuerpo triturado, son lo único que está en consonancia con su edad cronológica: treinta y seis años. La tez oscura y la nariz pronunciada delatan su orígen egipcio. El padre Atef (Stefanos Keryakes) ha vuelto a Zaragoza (España) por segunda vez en un año. En estos pocos meses le han sucedido muchas cosas: multas, prisión, amenazas. La última: si no firma la autorización para construir una mezquita en medio del poblado cristiano, le cortarán las manos.

En Egipto la advertencia no es baladí, bien lo sabe él. Le han quemado el coche, la casa, lo insultan una y otra vez desde el altavoz de la mezquita, le golpean; su propio padre fue asesinado por su condición de católico y por tener una capilla en casa. Él y sus cuatro hermanos hubieron de presenciar el crimen. A lo largo de su vida ha sido testigo de otros hechos similares, como la amputación de una mano a uno de sus pequeños alumnos por llevar tatuada una pequeña cruz en la muñeca como es costumbre en los cristianos de aquel país, a consecuencia de lo cual murió desangrado; o el secuestro de su prima en el día de su boda para obligarles a cerrar una capilla; de la muchacha nunca más se supo.

El lugar del encuentro fue el salón de actos de la Basílica de Santa Engracia, el momento, el domingo 20 de junio de 2010. Le acompañaba Carlos Escribano, el párroco, quien en breve será obispo de la diócesis de Teruel-Albarracín. Yo tuve el privilegio de asistir a la charla, y ahora tú, si lo deseas, también podrás escuchar sus palabras que grabé como buenamente pude para que llegaran a tus oídos.

Es la voz de la Iglesia perseguida. Es la voz de un bienaventurado.








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2 comentarios:

  1. Todos los años aparecen en las estadísticas la cantidad de sacerdotes, misioneros y religiosos que han muerto por causa de la fe.

    A ellos hay que añadir los cristianos que, por el simple hecho de estar bautizados o asistir a Misa son perseguidos en muchos países.

    Aquí, no estamos tan lejos de eso como parece. Por lo pronto ya pretenden quitarnos el crucifijo u obligarnos a no llevar un Rosario colgado del coche.

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  2. Hola Rafael: Un testimonio impresionante, me siento una piltrafilla cristiana. Como para quejarme de nada.

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